Este breve escrito es el resultado de una entrevista realizada en 2026 a Jessica Núñez Torres, hija de Roberto Núñez, comerciante de la ciudad de Los Andes que creó en la década de 1960 la afamada fuente de soda “Jessica”. Esta es una breve historia de nuestro patrimonio social, contado desde la experiencia familiar, que refleja el sacrificio y amor con que se mantuvo por casi cinco décadas una de las fuentes de soda más reconocidas de la ciudad.
El Jessica estuvo ubicado en las intersecciones de calle Maipú con Las Heras, funcionó desde la década de 1960 hasta 2008, cuando cierra definitivamente después de la muerte en 2002 de su fundador don Roberto Núñez Núñez, más conocido como el “Rey del Churro”. Era un local de un piso, instalado en una vieja casa colonial que fue acondicionado por su dueño con dos niveles, para aumentar la cantidad de mesas disponibles y aprovechar el espacio que ofrecía la casona.

Don Roberto llegó desde Valparaíso a Los Andes en la década de 1950 en busca de oportunidades laborales. Inicialmente instaló una frutería en donde se ubicaba el Autoservicio Maipú, y gracias a esta primera experiencia conoció a quien sería su esposa y compañera de trabajo, doña Margarita Torres Ahumada, que en aquellos tiempos trabajaba en la industria SILA.
Después de esta experiencia decidió crear un local orientado al servicio de comida, que era lo que más le interesaba. Es por ello que compró una propiedad de calle Maipú, donde se instaló con una fuente de soda llamada “El rey del churro”. Sin embargo, en 1965, con el nacimiento de su hija menor, cambió el nombre de su local a “Jessica”, con lo que dio vida a la historia de esta mítica fuente de soda.

Desde su creación, y durante toda su existencia, el Jessica fue un negocio familiar, es decir, todos los miembros de la familia Núñez Torres apoyaban en sostener su funcionamiento. Es por ello que Jessica mantiene recuerdos de su niñez, en los que con sus hermanos colaboraban con sus padres en distintas labores. En invierno, por ejemplo, cuando se vendían picarones y sopaipillas, sabían que desde temprano había que ayudar pelando zapallos, papas, y preparando los productos para la venta del día. También siendo más grandes aportaban realizando otras funciones; Jessica, por ejemplo, se dedicó a realizar labores administrativas, manteniendo ordenadas las cuentas y registrando las compras.
Al ser un proyecto familiar, muchos de los productos que se utilizaban eran preparados artesanalmente. Don Roberto consideraba necesario disponer de los mejores insumos para su cocina. Es por ello que en su casa trabajaba con un panadero quien hacía todos los “chuanes” y “brioches” que se usaban para los completos, lomitos y churrascos. La mayonesa era casera, preparada por doña Margarita. Por otro lado, las salchichas y carne que se utilizaba para completos y lomitos eran adquiridas en la fábrica local Omeñaca. Esta filosofía y la calidad de sus productos permitía que en el Jessica, en un día normal, se vendieran hasta 350 completos.

También era de gran importancia para don Roberto escuchar a sus clientes, es por ello que poco a poco comenzó a integrar en su menú algunas de las peticiones de sus comensales, como sumar palta a los hot dogs. Cabe destacar que la primera versión de completo que se ofreció en el Jessica tenía por ingredientes chucrut, americana, tomate, mayo, mostaza, ají, y esta versión inicial estaba influenciada por “El Panchito”, el hot dog argentino que don Roberto conoció en uno de sus viajes por el país trasandino.
El Jessica funcionaba en una larga jornada, por lo menos durante la década de 1960, lo que cambió con el golpe de Estado cívico-militar y los toques de queda, que impidieron el funcionamiento nocturno. En un día de trabajo cotidiano don Roberto y doña Margarita dividían sus labores, considerando el cuidado de sus hijos. Margarita atendía el local desde su apertura a las diez de la mañana hasta las dos de la tarde, momento en el que cerraba hasta las cinco (tradicional momento de descanso en el comercio local). Después de eso estaba hasta las ocho, cuando don Roberto le relevaba y atendía el local hasta las tres de la madrugada.
Además de la familia, el Jessica se sostuvo con el apoyo de excelentes trabajadores que se mantuvieron en sus labores por muchos años. Como fue el caso de Jaime Palacios, que llegó cuando Jessica tenía 14 años y trabajó en la preparación del pan y en la plancha, Juan Flores planchero, que después del cierre del Jessica continuó trabajando en la fuente de soda “El Primavera”, y garzones como el “zambuca” apodado así por su gran tamaño, Víctor, Jorge, Pedro Ahumada, Luis y “El chola”.

Diariamente había mucho movimiento: en la primera parte del día asistía gente que trabajaba en los alrededores a tomar desayuno y almorzar, se comían un sándwich o un completo. Durante la tarde iban familias a tomar once, y después en la noche llegaban “los tertulios” a tomar cerveza, comer completo, conversar y juntarse después del trabajo. En algunas ocasiones, era tal el ajetreo nocturno, que el pan se terminaba, por lo que don Roberto llamaba al panadero para que amasara más y pudiesen atender a los clientes que quedaban.
En las épocas de celebración, la fiesta de la Chaya era un evento de gran importancia que atraía mucha clientela. Incluso habiendo locales al frente de la plaza, el Jessica estaba regularmente colapsado, con filas de personas esperando que se desocupara una mesa para consumir en él. Si en un día normal se vendían 350 completos, 100 churrascos y lomitos, durante la Chaya se vendían 600 completos y entre 200 churrascos y lomitos. En el caso de otras festividades o ferias, como la semana Andina, las ramadas de fiestas patrias o la Filan, el movimiento era menor y don Roberto prefería llevar puestos de venta de churros, empanadas o sándwiches de potito dependiendo del caso.
La transmisión de encuentros de fútbol era también un momento de mucho movimiento y para el encuentro de la comunidad en esta fuente de soda. Según recuerda Jessica, este fue el primer local de comida de la ciudad que tuvo televisión, es por ello que la clientela pudo disfrutar los partidos del Mundial de 1962. Don Roberto era además un colocolino acérrimo, por lo que el “Jessica” fue un espacio de visita recurrente para los hinchas de este club, los que fielmente repletaron el lugar en cada partido.

Asimismo, la televisión era un motivo de encuentro que convocaba a públicos de lo más diversos: desde los seguidores de la teleserie Pantanal, que corrían a diario a verla en los años 90, hasta los fanáticos de Dragon Ball Z que encontraban un espacio para disfrutarlo. Jessica recuerda incluso el ambiente que se generaba durante la transmisión del anime, pues el local quedaba en completo silencio, adultos y niños por igual, sin que se escuchara el más mínimo sonido.
Don Roberto y doña Margarita crearon un lugar de encuentro, donde la comunidad andina disfrutó no solo de la comida, sino también de un espacio acogedor y familiar. Para Jessica, esto se debió no solo a la calidad de los productos que se ofrecían, sino también a la personalidad de sus padres, que se esforzaron por mantener un espacio donde las relaciones con sus clientes estuviesen en el centro. Esto se reflejaba además en las diversas formas en que don Roberto y doña Margarita apoyaron a la comunidad andina, ayudando a quienes lo necesitaban cuando era necesario, aportando alimentos o recursos a familias de escasos recursos.

Don Roberto falleció en 2002 y el “Jessica” siguió funcionando administrado por uno de sus hijos hasta 2008, cuando el local familiar finalmente cierra sus puertas. Aún a pesar de los años, el recuerdo de este espacio y sus dueños permanece en la comunidad andina. Es así como Jessica lo evidencia, cada vez que alguien la reconoce en la ciudad y le recuerda el legado que sus padres dejaron para la ciudad.
